Friday, October 15, 2010

La más extravagante alusión o el sujeto 058


Cuando Castillo me entregó el extracto de la carpeta que la inteligencia policiaca mantuvo sobre Mario no pregunté cómo llegó a sus manos. Los idiotas, dijo, traspapelaron informes. Castillo supo que se trataba de mi, que yo era el sujeto 058, por la alusión a mi barrio. Yo lo supe por la alusión a Liona. Reconocí la fecha y el suceso acontecido en los sopores de una tarde de Semana Santa. En el peor de los casos, es difícil saber quién es el observado y quien el “innocent bystander”.

La verdad es que entre el sujeto 058 y yo existe un desfase de la realidad contada. Tal vez un malentendido. Verdad es que Liona sí pidió usar el teléfono para llamar a sus familiares en Panamá. Como verdad es que me pidió un cigarrillo Salem, de la cajetilla que solía dejar mi padre en el chinero para su ocasional fumada. Castillo me interrogaba con su habitual deleite inquisitorio, con su habitual “debriefing” de los sucesos. Mi única conjetura era que la realidad se narra de diferentes ópticas. Que era posible que el sujeto 058 narrara unos sucesos acontecidos en otro contexto y que los extrapolaba. Castillo y yo comparamos concordancia y disonancias. En aras del argumento, Castillo me siguió la corriente.

Que tuviera una erección en esos años era imposible de rebatir. Era un dado. Que me lo acariciara en los confines de su “boudoir” y que sucediera lo que suele suceder como lógica consecuencia entre sudores y susurros son otros afamados veinte pesos. Castillo me urgió que atara los cabos sueltos por la importancia que revestía para nuestra seguridad. Yo traté de ilustrarlo sobre los “pitfalls” del narrador no-confiable. Que los informantes, espías y observadores en general arrastran un bulto pesado de preconcepciones.

Una parte de mi quería darle la razón a Castillo. Que realmente era yo quien deliraba sobre los pechos de Liona. Que subimos con los restos de camarones y la botella de vino para seguir oficiando esas exequias de la Semana Santa. Que llevamos a su fruición los regodeos de David y Betsabé. Lo quise hacer porque me mortificaba la creciente sospecha que Liona estuviera engañándome con el sujeto 058. Que lo nuestro fuera una mentira. Pero uno tiene que mantenerse fiel a los personajes de la novela de la vida que le ha tocado protagonizar, aunque sea a regañadientes para evitar desmentir todo lo narrado.

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